39. Era aproximadamente la décima hora; es decir, se acercaba la noche, ya que faltaban más de dos horas para la puesta del sol. El día estaba dividido por ellos en doce horas, que eran más largas en verano y más cortas en invierno. Pero a partir de esta circunstancia inferimos que esos discípulos estaban tan ansiosos por escuchar a Cristo, y por obtener un conocimiento más íntimo de él, que no se preocuparon por el alojamiento de una noche. Por el contrario, somos, en su mayor parte, muy diferentes a ellos, porque nos demoramos sin cesar, porque no nos conviene seguir a Cristo.

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