No provoquéis a vuestros hijos ; no les deis justa ocasión para enfadarse o para sentirse heridos. Como el bien supremo de los hijos en esta vida y en la venidera les exige, en todas las cosas correctas, obedecer a sus padres, es el deber de los padres tomar el camino que sea más adecuado para asegurar esto, y guiar a sus hijos también obedecer a su Padre que está en los cielos. Para ello, deben obedecerle ellos mismos, buscar diariamente su guía y bendiciones, instruir a sus hijos para que hagan su voluntad y presentarles los motivos que él ha revelado. Deben también acostumbrar a sus hijos, desde los primeros años, a someter prontamente su voluntad a la voluntad de sus padres, para que por hábito les resulte fácil y agradable.

Continúa después de la publicidad
Continúa después de la publicidad

Antiguo Testamento