REFLEXIONES

Bendito Señor Jesús, cuán dulcemente tu siervo ha enseñado a la Iglesia, ya cada miembro humilde de ella como yo, a buscar fuerza solo en ti, y la gracia en mi Señor; y no de nada en nuestros propios logros. ¡Oh! para que la gracia en una comunicación diaria y cada hora de Cristo sea fuerte en la gracia que es en Cristo Jesús, para que pueda permanecer en ti, como has dicho, convencido de que sin ti no puedo hacer nada.

Y que Dios el Espíritu me enseñe continuamente mi necesidad, y luego me lleve a ti como provisión; luego abre una comunicación entre mi Señor pleno y mi alma vacía; y luego mantenlo abierto para siempre, para mi gozo y la gloria de mi Señor.

¡Gloria a un Dios fiel y Padre del Pacto en Cristo Jesús! que mi alma no pierda de vista ni por un momento tu fidelidad, en medio de todas mis descreídas. ¡Oh! la preciosidad de esa escritura. Si no creemos, él permanece fiel; no puede negarse a sí mismo: Señor, no veo más que maldad, incredulidad y vacío en todo lo que hago o digo. Estoy contento de que así sea. No soy nada, y aun peor que nada: para que mi pobreza me haga tener más hambre de las riquezas de tu gracia. ¡Oh! para ser un vaso para honra, santificado y alimento para el uso del maestro, y preparado por gracia para toda buena obra.

¡Señor el Espíritu! Sella mi alma hasta el día de la eterna redención. Esto formará sin embargo una bendición para toda mi indignidad. El fundamento de Dios permanece firme. Y al proclamar este fundamento y esta seguridad, que todos tus siervos enviados se muestren aprobados ante Dios; y obreros que no deben avergonzarse; y todo tu pueblo siga la justicia, la fe, la caridad y la paz con los que invocan al Señor con un corazón puro.

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