REFLEXIONES

¡LECTOR! ¿Es esto realmente la suma y sustancia de lo que Dios el Espíritu Santo ha estado bendiciendo a la Iglesia, en enseñanzas tan llenas de gracia acerca del Señor Jesús? que ha subido al cielo y se ha sentado a la diestra del trono de la Majestad: ¡oh! entonces, ¡para que la gracia lo siga por la fe! Porque, tan seguro como Jesús el Hijo de Dios es uno allí, tan seguro está Él como Cabeza y Esposo, Fiador y Representante de su cuerpo la Iglesia, la plenitud que lo llena todo en todo.

¡Sí! Se ha apoderado del cielo mismo en su nombre. Y todos sus redimidos pueden, en virtud de su unión con él, verse a sí mismos por la fe, como resucitados juntamente con Cristo, y hechos para sentarse juntos en los lugares celestiales en Cristo Jesús. ¡Oh! ¡Jesús glorioso! Ministro del Santuario y del verdadero tabernáculo que el Señor ha levantado, y no el hombre.

¡Y bendito sea Dios el Espíritu Santo por esta preciosa escritura! Ahora vemos, a través de tu enseñanza divina, cuán necesario fue que nuestro Señor se fuera. Si hubiera permanecido en la tierra, aunque hubiera hecho de su alma una ofrenda por el pecado, no podría haber sido sacerdote. ¡Sí! Querido Señor, era necesario que lo hicieras sacerdote también para tus redimidos en el cielo. ¡Oh! ¡Señor el Espíritu! Danos la gracia de seguir siempre a nuestro Jesús por fe, y de emplear a nuestro gran Sumo Sacerdote con nuestras oraciones y alabanzas diarias, hasta que lleguemos a verlo, tal como es, y habitemos con él para siempre.

Alabanzas a nuestro Dios y Padre por su pacto con Cristo. ¡Oh! que Dios Padre sea para mí un Dios en Cristo y me haga suyo entre su pueblo. ¡Oh! para que Jesús, mi Esposo, sea para mí mi incesante Sumo Sacerdote, Abogado e Intercesor. ¡Y Dios Espíritu Santo, mi Maestro y el Glorificador de Jesús hasta el día de su venida!

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