Significado. Cristo deja a los suyos su paz, una paz distinta de la que el mundo ofrece, capaz de calmar el corazón temeroso. La paz de Jesús es un don suyo, no un logro de las circunstancias.

Contexto. Estas palabras forman parte del discurso de despedida en el aposento alto, donde Jesús prepara a sus discípulos para su partida y les promete el Espíritu Santo. En el Evangelio de Juan, el Señor consuela a unos seguidores afligidos por el anuncio de que pronto los dejaría.

Explicación. «La paz os dejo, mi paz os doy» presenta la paz como un legado de Cristo a los suyos, no como una mera ausencia de conflicto. «Yo no os la doy como el mundo la da» contrasta el don de Cristo con la paz frágil y superficial que ofrece el mundo, dependiente de las circunstancias. «No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo» repite el llamado a la confianza. Desde la perspectiva reformada, esta paz brota de la reconciliación con Dios lograda por Cristo; es paz objetiva con Dios que se traduce en serenidad subjetiva del alma. No se compra ni se fabrica, se recibe como fruto de la gracia y del Espíritu prometido.

Referencias relacionadas. Romanos 5:1 declara que justificados por la fe tenemos paz para con Dios. Filipenses 4:7 describe la paz que sobrepasa todo entendimiento. Colosenses 3:15 exhorta a que la paz de Cristo gobierne los corazones, y Juan 16:33 promete paz en Él en medio de la aflicción. Efesios 2:14 afirma que Cristo mismo es nuestra paz.

Aplicación práctica. Este versículo nos invita a buscar una paz que no dependa de que todo salga bien, sino que descansa en la obra de Cristo. Cuando el temor y la inquietud nos asaltan, podemos acudir a la paz que Él ya nos dejó. Vivir en esa paz nos libera de la angustia y nos sostiene aun cuando el mundo se sacude.

Para reflexionar. ¿Busco la paz en las circunstancias que cambian, o en la paz duradera que Cristo me ha dado?

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