1-4 El apóstol Pedro no manda, sino que exhorta. No reclama el poder de gobernar sobre todos los pastores e iglesias. Fue el honor peculiar de Pedro y de unos pocos más, ser testigos de los sufrimientos de Cristo; pero es el privilegio de todos los verdaderos cristianos participar de la gloria que será revelada. Estos cristianos pobres, dispersos y sufrientes, eran el rebaño de Dios, redimido para Dios por el gran Pastor, viviendo en santo amor y comunión, según la voluntad de Dios. También se les dignifica con el título de herencia o clero de Dios; su lote peculiar, elegido para su propio pueblo, para disfrutar de su especial favor, y para hacerle un servicio especial. Cristo es el pastor principal de todo el rebaño y la herencia de Dios. Y todos los ministros fieles recibirán una corona de gloria inmarcesible, infinitamente mejor y más honorable que toda la autoridad, riqueza y placer del mundo.

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