3 Ponemos pedacitos en la boca de los caballos. Mediante estas dos comparaciones, demuestra que una gran parte de la verdadera perfección está en la lengua, y que ejerce dominio, como acaba de decir, sobre toda la vida. Compara la lengua, primero, con una brida, y luego con el timón de un barco. Aunque un caballo sea un animal feroz, sin embargo, se da vuelta a voluntad de su jinete, porque está encerrado; no menos puede la lengua servir para gobernar al hombre. Así también con respecto al timón de un barco, que guía una gran embarcación y supera la impetuosidad de los vientos. Aunque la lengua sea un miembro pequeño, vale mucho para regular la vida del hombre.