Jesús ... él salvará, etc. El nombre característico de Salvador era peculiar del Mesías, por el que se distinguía, así como por el adorable nombre de Jesús. Las expectativas tanto de judíos como de gentiles esperaban un salvador. San Agustín, en el libro 18, capítulo 23, de Civitate Die, introduce una anécdota curiosa. Allí menciona que recibió del elocuente y erudito Procónsul Flactianus, un libro que contiene en griego los versos de una de las Sibilas, que se relaciona con la venida de Cristo.

La sustancia de ellos es muy parecida a la que se da en las profecías de Isaías, de las cuales Virgilio también ha copiado en su Polión, muchos de los pensamientos sublimes que encontramos en esa hermosa égloga. Es notable que de las iniciales de estos versos, San Agustín había formado un acróstico con el siguiente significado , griego: Iesous Christos Deos huios soter; es decir, Jesucristo, el Hijo de Dios, Salvador. (Haydock)

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