Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley. San Pablo, hasta el final del capítulo, parece continuar su discurso a San Pedro, pero principalmente a los gálatas judíos, para mostrar que tanto a los gentiles, a quienes los judíos llamaban y consideraban pecadores, como a los judíos, cuando se convirtió, sólo podía esperar ser justificado y salvo por la fe de Cristo, y no por las obras de la ley.

--- Pero si mientras buscamos ser justificados en Cristo, por la fe en él y por su gracia, también nosotros mismos somos hallados pecadores, como les enseñan los falsos médicos, y no para ser justificados sino por las ceremonias y obras de Dios. la ley de Moisés, esta consecuencia blasfema debe seguir, que Cristo es el ministro y autor del pecado, haciéndonos creer que por la fe en él, y cumpliendo con su doctrina, podemos ser justificados y salvos.

Porque así debemos ser considerados transgresores, a menos que renovemos y reconstruyamos lo que Cristo y nosotros hemos destruido. --- Porque por la ley estoy muerto a la ley. Es decir, dice San Jerónimo, por la ley evangélica de Cristo estoy muerto a la ley antigua y sus ceremonias. Otros lo exponen, que por la ley y sus tipos y figuras, y por las predicciones contenidas en la ley, sé que la ley mosaica ha cesado, en cuyo sentido podría decir, por la ley estoy muerto a la ley.

--- Si es justicia. Es decir, si la justificación y la salvación deben obtenerse, o podrían haberse obtenido por las obras de la ley; por tanto, Cristo murió en vano, y no era necesario que se convirtiera en nuestro Redentor. (Witham)

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