Significado. El Verbo eterno se hizo carne y habitó entre nosotros, revelando la gloria del Hijo unigénito lleno de gracia y de verdad. En la encarnación, Dios mismo vino a morar con los hombres.

Contexto. El prólogo del Evangelio de Juan presenta a Jesús como el Verbo (Logos) que existía desde la eternidad junto a Dios y que era Dios. Tras anunciar su venida al mundo, este versículo proclama el misterio central de la fe cristiana: la encarnación del Hijo eterno, escrita por el apóstol Juan para que sus lectores crean.

Explicación. «Aquel Verbo fue hecho carne» afirma que el Hijo eterno asumió una verdadera naturaleza humana sin dejar de ser Dios. «Y habitó entre nosotros» traduce un verbo que evoca el tabernáculo, sugiriendo que en Cristo Dios planta su tienda en medio de su pueblo. «Vimos su gloria» recuerda la manifestación de la presencia divina, ahora encarnada. «Lleno de gracia y de verdad» une el favor inmerecido de Dios con la fidelidad de su revelación. Desde la perspectiva reformada, este versículo sostiene la doctrina de las dos naturalezas en la persona de Cristo, fundamento de la redención: solo el Dios-hombre puede ser mediador perfecto entre Dios y los hombres.

Referencias relacionadas. Filipenses 2:6-7 describe al que, siendo en forma de Dios, se despojó tomando forma de siervo. Colosenses 1:19 afirma que en Él habita toda la plenitud. Hebreos 1:3 lo presenta como resplandor de la gloria de Dios, y 1 Timoteo 3:16 celebra el misterio de Dios manifestado en carne. Mateo 1:23 lo llama Emanuel, Dios con nosotros.

Aplicación práctica. La encarnación nos asegura que Dios no es lejano ni indiferente, sino que se acercó hasta compartir nuestra humanidad. En Cristo contemplamos la gloria de Dios revestida de gracia y verdad, lo cual invita a la adoración y a la confianza. El Dios que habitó entre nosotros sigue cercano a los suyos por su Espíritu.

Para reflexionar. ¿Cómo cambia mi vida saber que el Dios eterno se hizo carne para habitar entre nosotros y revelarnos su gracia?

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